{"id":964,"date":"2012-08-30T11:37:37","date_gmt":"2012-08-30T09:37:37","guid":{"rendered":"http:\/\/argia.eus\/erredakzio-mahaia\/pello-zubiria\/?p=964"},"modified":"2012-08-30T11:37:37","modified_gmt":"2012-08-30T09:37:37","slug":"erle-arren-masakrea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/","title":{"rendered":"Erle arren masakrea"},"content":{"rendered":"<p>Gaur gogorarazi digu <a href=\"http:\/\/www.armiarma.com\/emailuok\/?p=2785\">Susa argitaletxeak bere Emailuan<\/a> Maurice Maeterlinck idazle belga (frantsesez idatzi zuen flamandarra) jaio zela duela 150 urte. Haren erreferentziak aurkituko dituzue <a href=\"http:\/\/ekarriak.armiarma.com\/?i=782\">Armiarma<\/a> guneaz gain <a href=\"http:\/\/fr.wikipedia.org\/wiki\/Maurice_Maeterlinck\">Wikipedia<\/a>n eta beste. Maeterlinck idazle kontserbadore eta diktadurazaleak idatzi zituenen artean famatua da &#8220;Erleen bizimodua&#8221;, zeinetan, &#8220;Inurrien bizimodua&#8221; eta &#8220;Termiten bizimodua&#8221; liburuetan bezala, xomorroei buruzko ezagutza baliatzen duen gogoeta filosofikoetarako. Bigarrenaren pasarte bat euskaratu zuen 1933an Xabier Lizartik, Armiarmak jaso duen <a href=\"http:\/\/klasikoak.armiarma.com\/idazlanak\/L\/LizardiAundiki044.htm\">Txindurriak<\/a>.<br \/>\n<!--more--><br \/>\nAbuztuarekin bakantzek amore ematen duten egun honetarako erleek badute gogoetatzeko gaia. Jakina da -kontuok xehetasunez ezagutu nahi dituena garaiz dago Gaiak argitaletxeari erosteko Martxel Aizpuruaren <a href=\"http:\/\/www.gaiak.net\/salmentak\/erosketa.php?lib=168\"><em>Erleen Bizitza Ezkutua<\/em><\/a> klasikoa- erleen artean abuztutik aurrera gero eta ar edo erlemando gutxiago geratzen direla, eta udazkena aurrera joan ahala erlauntzan bakarrik geratzen direla ama eta milaka alaba, inolako semerik gabe. &#8220;Neguan erle guztiak eme&#8221; dio Aizpuruarenean atalburuak. Ama edo Andrea udaberriarekin hasiko da berriro semeak-arrak jaiotzeko arrautza egokiak jartzen (ama edo erreginak berak erabakitzen du zer nolako arrautza errun eta ondorioz hartatik semea ala alaba nahi duen ateratzea, baina hori beste baterako historia da&#8230;).<\/p>\n<p>Total, justu egun hauetan munduko milioika erle koloniatan ospatzen dutela oporren bukaera, esan nahi baita seme-anaiei bukatu zaiela ez bakarrik bakazio garaia baizik eta baita bizitzeko epea bera ere. Kaput! Irailetik aurrera erlauntzak berriro izango dira udaberria arte <a href=\"http:\/\/www.argia.eus\/argia-astekaria\/2291\/erleen-demokrazia-liderrik-gabea\">errepublika sozialista (anarkista?) femenino<\/a>&#8230; arrik gabeak.<\/p>\n<p>Ondoren doakizue Maurice Maeterlinckek kontaturik Erlemandoen Masakrea gaztelaniaraino hurbilduta; <a href=\"http:\/\/www.archive.org\/stream\/laviedesabeilles00maetuoft\/laviedesabeilles00maetuoft_djvu.txt\">frantsezez<\/a>koa ere errez eskura daiteke sarean.\u00a0 Senide eta lagun arrok&#8230; erruki gaitezen gure sozio erle ar gaixoez. Eta ama, emazte, alaba, arreba, amama, izeba, lagun, neska, andre&#8230; eme maiteok: mila esker irailoro bizia barkatzen diguzuelako.<\/p>\n<p>(Erle kontu gehiago <a href=\"http:\/\/www.argia.eus\/erlea-apiterapia\/\"><em>Erlea &amp; Apiterapia<\/em><\/a> blogean)<\/p>\n<div><strong>La matanza de los z\u00e1nganos<\/strong><\/div>\n<div><\/div>\n<div>I<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s de la fecundaci\u00f3n de las reinas, si el cielo contin\u00faa claro y c\u00e1lido el aire, si el polen y el n\u00e9ctar abundan en las flores, las obreras, por una especie de olvidadiza indulgencia, o quiz\u00e1 por excesiva previsi\u00f3n, toleran alg\u00fan tiempo m\u00e1s la presencia importuna y ruinosa de los z\u00e1nganos. Estos se conducen en la colmena como los pretendientes de Pen\u00e9lope en la casa de Ulises. Llevan en plena francachela y gaudeamus, la ociosa existencia de amantes honorarios, pr\u00f3digos y sin delicadeza; satisfechos, barrigones, llenan las avenidas, obstruyen los pasadizos, dificultan el trabajo, atropellan, son atropellados, y se les ve azorados, importantes, hinchados de desd\u00e9n, aturdidos y sin malicia, pero despreciados con inteligencia, y segunda intenci\u00f3n, inconscientes de la exasperaci\u00f3n que va acumul\u00e1ndose contra ellos y del destino que los aguarda. Eligen para dormitar a sus anchas el rinc\u00f3n m\u00e1s tibio de la morada, se levantan perezosamente para ir a chupar en las celdas abiertas la miel m\u00e1s perfumada, y mancillan con sus excrementos los panales que frecuentan.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las pacientes obreras miran el porvenir y reparan silenciosamente los desperfectos. De mediod\u00eda a las tres de la tarde, cuando la campi\u00f1a azulada tiembla de fatiga feliz bajo la mirada invencible del sol de julio o de agosto, aparecen en el umbral. Llevan un casco formado de enormes perlas negras, dos altos penachos animados, un jab\u00f3n de terciopelo leonado y frotado de luz, una melena heroica, un cu\u00e1druple manto r\u00edgido y transl\u00facido, hacen un ruido terrible, apartan las centinelas, derriban a las ventiladoras, tropiezan con las obreras que llegan cargadas de bot\u00edn. Tienen el andar atareado, extravagante e intolerante de dioses indispensables que salen en tumulto a cumplir alg\u00fan gran designio ignorado por el vulgo. Uno tras otro afrontan el espacio, gloriosos, irresistibles, y van tranquilamente a posarse en las flores m\u00e1s vecinas, donde duermen hasta que el fresco de la tarde los despierta. Entonces vuelven a la colmena en el mismo torbellino imperioso, y siempre desbordantes del mismo gran designio intransigente; corren a las despensas, hunden la cabeza hasta el cuello en las cubas de miel, se hinchan como \u00e1nforas para reparar las agotadas fuerzas, y ganan con pesado paso el buen sue\u00f1o sin pesadillas ni preocupaciones que los recoge hasta su pr\u00f3xima, comida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>II<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero la paciencia de las abejas no es igual a la de los hombres. Una ma\u00f1ana comienza a circular por la colmena la consigna esperada, y las apacibles obreras se transforman en jueces y verdugos. No se sabe qui\u00e9n da la consigna; emana de repente de la indignaci\u00f3n fr\u00eda y razonada de las trabajadoras, y de acuerdo con el genio de la rep\u00fablica un\u00e1nime tan pronto como se pronuncia llena todos los corazones. Una parte del pueblo renuncia a salir en busca de bot\u00edn para consagrarse aquel d\u00eda a la obra justiciera. Los gordos holgazanes dormidos en descuidados racimos sobre las paredes mel\u00edferas, son arrancados bruscamente de su sue\u00f1o por un ej\u00e9rcito de v\u00edrgenes irritadas. Se despiertan beat\u00edficos y sorprendidos, no pueden dar cr\u00e9dito a sus ojos, y su asombro logra apenas asomar a trav\u00e9s de su pereza, como un rayo de luna a trav\u00e9s del agua de un pantano. Se imaginan v\u00edctimas de un error, miran en torno suyo estupefactos, y la idea matriz de su vida se reanima en sus torpes cerebros, y les hace dar un paso hacia las cunas de miel para reconfortarse en ellas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero pas\u00f3 ya el tiempo de la miel de mayo, del vino flor de los tilos, de la franca ambros\u00eda de la salvia, del serpol, del tr\u00e9bol blanco, de la mejorana. En lugar del libre acceso a los buenos dep\u00f3sitos rebosantes que abr\u00edan bajo sus bocas sus brocales de cera, complacientes y azucarados, encuentran en torno un ardiente matorral de dardos emponzo\u00f1ados que se erizan. La atm\u00f3sfera de la ciudad ha cambiado. El amigable perfume del n\u00e9ctar ha cedido su lugar al acre olor del veneno cuyas mil gotitas resplandecen en la punta de los aguijones y propagan el rencor y el odio. Antes de haberse dado cuenta del derrumbamiento inaudito de todo su destino de ocio y de regalo, en el trastorno de las leyes dichosas de la ciudad, cada uno de los azorados par\u00e1sitos se ve asaltado por tres o cuatro ajusticiadoras que se esfuerzan por cortarles las alas, aserrarles el peciolo que une el abdomen al t\u00f3rax, amputarles las febriles antenas, dislocarles las patas, dar con una juntura de los anillos de la coraza para hundir en ella su dardo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Enormes pero inertes, desprovistos de aguij\u00f3n no piensan siquiera en defenderse, tratan de escapar \u00fa oponen \u00fanicamente su masa obtusa a los golpes que los abruman. Derribados de espaldas, agitan torpemente, en el extremo de sus poderosas patas, a las enemigas que no sueltan su presa, o girando sobre s\u00ed mismos arrastran el grupo entero en un torbellino loco pero pronto exhausto. Al cabo de cierto tiempo est\u00e1n en un estado tan lamentable, que la piedad, que nunca est\u00e1 muy lejos de la justicia en el fondo de nuestro coraz\u00f3n, acude a toda prisa y pedir\u00eda gracia aunque in\u00fatilmente, a las duras obreras que s\u00f3lo reconocen la ley profunda y seca de la Naturaleza. Las alas de los desdichados quedan laceradas, los tarsos arrancados, las antenas ro\u00eddas, y sus magn\u00edficos ojos negros, espejos de las flores exuberantes, reverberos del azur y de la inocente arrogancia del est\u00edo, dulcificados entonces por el sufrimiento, no reflejan ya m\u00e1s que el desconsuelo y la angustia del fin.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los unos sucumben a sus heridas y son inmediatamente arrastrados por dos o tres de sus verdugos a los lejanos cementerios. Otros, menos heridos, logran refugiarse en alg\u00fan rinc\u00f3n en que se amontonan y donde una guardia inexorable los bloquea, hasta que se mueran de inanici\u00f3n. Muchos logran ganar la puerta y escapar al espacio arrastrando a sus adversarias, pero, al caer la tarde, hostigados por el hambre y el fr\u00edo, vuelven en masa a la entrada de la colmena, implorando un abrigo. Tropiezan con otra guardia, inflexible. Al d\u00eda siguiente, a su primer salida, las obreras barren el, umbral en que se amontonan los cad\u00e1veres de los gigantes in\u00fatiles, y el recuerdo de la raza ociosa se extingue en la ciudad hasta la siguiente primavera.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>III<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La matanza, se realiza a menudo el mismo d\u00eda en gran n\u00famero de colonias del colmenar. Las m\u00e1s ricas, las mejor gobernadas dan la se\u00f1al. Algunos d\u00edas despu\u00e9s las imitan las peque\u00f1as rep\u00fablicas menos pr\u00f3speras. Los pueblos m\u00e1s pobres, los m\u00e1s d\u00e9biles, aquellos cuya madre est\u00e1 ya muy vieja y casi est\u00e9ril, para no abandonar la esperanza de ver fecunda a la joven reina que aguardan y que todav\u00eda puede nacer, son los \u00fanicos que mantienen a sus z\u00e1nganos hasta la entrada del invierno. Entonces sobreviene la miseria inevitable, y la tribu entera, madre, par\u00e1sitos, obreras, se amontona en un grupo hambriento y estrechamente, enlazado que perece en silencio en la sombra de la colmena, antes de las primeras nieves.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s de la ejecuci\u00f3n de los ociosos en las ciudades populosas y opulentas, el trabajo se reanuda, pero con ardor decreciente porque el n\u00e9ctar comienza a escasear. Las grandes fiestas y los grandes dramas han pasado. El cuerpo milagroso con sus guirnaldas de millares y millares de almas, el noble monstruo sin suelo, alimentado de flores y de roc\u00edo, la gloriosa colmena de los hermosos d\u00edas de julio, va adormeci\u00e9ndose gradualmente, y su tibio aliento, cargado de perfumes, se alarga y se congela. La miel de oto\u00f1o, para completar las provisiones indispensables, va acumul\u00e1ndose, sin embargo, en las murallas nutricias, y los \u00faltimos dep\u00f3sitos son sellados con el incorruptible sello de cera blanca. Cesase de edificar, los nacimientos disminuyen, las muertes se multiplican, las noches se alargan, los d\u00edas se acortan. La lluvia y los vientos inclementes, las brumas matutinas, las emboscadas de la sombra demasiado r\u00e1pida, arrebatan centenares de trabajadoras que no vuelven m\u00e1s, y todo el peque\u00f1o pueblo, tan \u00e1vido de sol como las cigarras del \u00c1tica, siente que va extendi\u00e9ndose sobre \u00e9l la helada amenazadora del invierno.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El hombre ha tomado su parte de la cosecha. Cada una de las buenas colmenas le ha ofrecido ochenta o cien libras de miel, y las m\u00e1s maravillosas le dan a veces doscientas, que representan enormes capas de luz licuada, inmensos campos de flores visitadas, una por una mil veces cada d\u00eda. Ahora lanza una postrer mirada a las colonias que se adormecen. Quita a las m\u00e1s ricas sus tesoros superfluos para distribuirlos entre las empobrecidas por los infortunios, siempre inmerecidos en ese mundo laborioso. Tapa y abriga, cuidadosamente las colmenas, entorna sus puertas, quita, los marcos in\u00fatiles, y entrega las abejas a su gran sue\u00f1o invernal. Estas se re\u00fanen entonces en el centro de la colmena, se contraen y se cuelgan de los panales que encierran las urnas fieles de las que ha de salir durante los d\u00edas helados, la substancia transformada del est\u00edo. La reina, se coloca en el medio, rodeada por su guardia. La primera fila de obreras se aferra a las celdas selladas, c\u00fabrelas una segunda fila, cubierta a su vez por la tercera, y as\u00ed sucesivamente hasta la \u00faltima que florida la envoltura. Cuando las abejas de esta envoltura sienten que el fr\u00edo las invade, entran en la masa, siendo reemplazadas por otras que lo son tambi\u00e9n m\u00e1s tarde. El colgado racimo es como una esfera tibia y leonada que escinde las paredes de miel, y que sube o baja, avanzan o retroceden de una manera imperceptible, a medida que van agot\u00e1ndose las celdas a que se agarra. -\u00a1Porqu\u00e9, al rev\u00e9s de lo que generalmente se cree, la vida invernal de las abejas se hace m\u00e1s lenta, pero no se detiene . Por el zumbido concertado de sus alas, hermanitas sobrevivientes de las llamas del sol, que se activan o se apaciguan seg\u00fan las fluctuaciones de la temperatura externa, mantienen en su esfera un calor invariable e igual al de un d\u00eda de primavera. Esa secreta primavera emana de la miel hermosa, que no es m\u00e1s que un rayo de calor anteriormente transmutado, y que vuelve a su primitiva forma. Circula por la esfera como sangre generosa. Las abejas que permanecen sobre los alv\u00e9olos rebosantes, la ofrecen a sus vecinas que la transmiten a su vez. Pasa as\u00ed de u\u00f1a en u\u00f1a, de boca en boca, y llega a las extremidades del grupo que no tiene sino un pensamiento y un destino esparcido y reunido en millares de corazones. Hace las veces del sol y de las flores, hasta que, su hermano mayor, el sol verdadero de la gran primavera real, deslizando por la puerta entreabierta sus primeras tibias miradas en que renacen las violetas y las an\u00e9monas, despierta suavemente a las obreras para decirles que el azur ha vuelto a ocupar su sitio sobre el mundo, que el c\u00edrculo ininterrumpido que une la muerte con la vida, acaba de dar una vuelta sobre s\u00ed mismo y se ha reanimado otra vez.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><em>&#8220;La vida de las abejas&#8221;<\/em><\/div>\n<div>Maurice Maeterlinck (1862-1949)Interneteko iturria:<br \/>\n<a href=\"http:\/\/el-club-de-los-onironautas.blogspot.com.es\/2012\/05\/la-matanza-de-los-zanganos.html#%21\/2012\/05\/la-matanza\">http:\/\/el-club-de-los-onironautas.blogspot.com.es\/2012\/05\/la-matanza-de-los-zanganos.html#!\/2012\/05\/la-matanza-de-los-zanganos.html<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gaur gogorarazi digu Susa argitaletxeak bere Emailuan Maurice Maeterlinck idazle belga (frantsesez idatzi zuen flamandarra) jaio zela duela 150 urte. Haren erreferentziak aurkituko dituzue Armiarma guneaz gain Wikipedian eta beste. Maeterlinck idazle kontserbadore eta diktadurazaleak idatzi zituenen artean famatua da &#8220;Erleen bizimodua&#8221;, zeinetan, &#8220;Inurrien bizimodua&#8221; eta &#8220;Termiten bizimodua&#8221; liburuetan bezala, xomorroei buruzko ezagutza baliatzen duen [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":58,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-964","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-erlea"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Erle arren masakrea - Xehe<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"en_US\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Erle arren masakrea - Xehe\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Gaur gogorarazi digu Susa argitaletxeak bere Emailuan Maurice Maeterlinck idazle belga (frantsesez idatzi zuen flamandarra) jaio zela duela 150 urte. Haren erreferentziak aurkituko dituzue Armiarma guneaz gain Wikipedian eta beste. Maeterlinck idazle kontserbadore eta diktadurazaleak idatzi zituenen artean famatua da &#8220;Erleen bizimodua&#8221;, zeinetan, &#8220;Inurrien bizimodua&#8221; eta &#8220;Termiten bizimodua&#8221; liburuetan bezala, xomorroei buruzko ezagutza baliatzen duen [&hellip;]\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Xehe\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2012-08-30T09:37:37+00:00\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Pello Zubiria\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@pellozubiria\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Written by\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Pello Zubiria\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Est. reading time\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"11 minutua\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Pello Zubiria\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d\"},\"headline\":\"Erle arren masakrea\",\"datePublished\":\"2012-08-30T09:37:37+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/\"},\"wordCount\":2242,\"commentCount\":0,\"articleSection\":[\"Erlea\"],\"inLanguage\":\"eu\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/\",\"name\":\"Erle arren masakrea - Xehe\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2012-08-30T09:37:37+00:00\",\"author\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d\"},\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"eu\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/2012\\\/08\\\/30\\\/erle-arren-masakrea\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Home\",\"item\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Erle arren masakrea\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/\",\"name\":\"Xehe\",\"description\":\"Fukushimaz, erleaz, arrebaren kantzerraz, baratzeaz\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"eu\"},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d\",\"name\":\"Pello Zubiria\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"eu\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Pello Zubiria\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/x.com\\\/pellozubiria\"],\"url\":\"https:\\\/\\\/blogak.argia.eus\\\/pello-zubiria\\\/author\\\/pello-zubiria\\\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Erle arren masakrea - Xehe","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/","og_locale":"en_US","og_type":"article","og_title":"Erle arren masakrea - Xehe","og_description":"Gaur gogorarazi digu Susa argitaletxeak bere Emailuan Maurice Maeterlinck idazle belga (frantsesez idatzi zuen flamandarra) jaio zela duela 150 urte. Haren erreferentziak aurkituko dituzue Armiarma guneaz gain Wikipedian eta beste. Maeterlinck idazle kontserbadore eta diktadurazaleak idatzi zituenen artean famatua da &#8220;Erleen bizimodua&#8221;, zeinetan, &#8220;Inurrien bizimodua&#8221; eta &#8220;Termiten bizimodua&#8221; liburuetan bezala, xomorroei buruzko ezagutza baliatzen duen [&hellip;]","og_url":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/","og_site_name":"Xehe","article_published_time":"2012-08-30T09:37:37+00:00","author":"Pello Zubiria","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@pellozubiria","twitter_misc":{"Written by":"Pello Zubiria","Est. reading time":"11 minutua"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/"},"author":{"name":"Pello Zubiria","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/#\/schema\/person\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d"},"headline":"Erle arren masakrea","datePublished":"2012-08-30T09:37:37+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/"},"wordCount":2242,"commentCount":0,"articleSection":["Erlea"],"inLanguage":"eu","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/","url":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/","name":"Erle arren masakrea - Xehe","isPartOf":{"@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/#website"},"datePublished":"2012-08-30T09:37:37+00:00","author":{"@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/#\/schema\/person\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d"},"breadcrumb":{"@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/#breadcrumb"},"inLanguage":"eu","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/2012\/08\/30\/erle-arren-masakrea\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Home","item":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Erle arren masakrea"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/#website","url":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/","name":"Xehe","description":"Fukushimaz, erleaz, arrebaren kantzerraz, baratzeaz","potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"eu"},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/#\/schema\/person\/5fcae2dcaf5dc5e16af06712c4a3c62d","name":"Pello Zubiria","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"eu","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/157e99ee576debf0e7c3e865b1e28637b42b50ef8bd3edf305d35ade8732ce7a?s=96&d=mm&r=g","caption":"Pello Zubiria"},"sameAs":["https:\/\/x.com\/pellozubiria"],"url":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/author\/pello-zubiria\/"}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/964","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/users\/58"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=964"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/964\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogak.argia.eus\/pello-zubiria\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}